El punto inicial del psicoanálisis fue la histeria. Esta enfermedad fue la primer introducción de Freud al pensamiento psicoanalítico. A continuación te presentaremos toda la información sobre la histeria.

La histeria parecía la única enfermedad que los médicos de esos tiempos no podían encontrarle cura, ni tampoco se preocupan para conseguirle una. Pero Sigmund Freud estaba a punto de cambiar el punto de vista sobre este padecimiento que la mayoría de las mujeres y algunos hombre presentaban hace miles de años atrás.

Historia de la histeria

La histeria ya era una enfermedad muy conocida en los primeros escritos médicos y filosóficos.

Hipócrates nacido 460 años antes de Cristo ya hablaba sobre esta enfermedad haciendo una comparación entre la epilepsia y la histeria, ya que compartían algunos síntomas similares. Para él la histeria era una enfermedad femenina, en otras palabras de tipo ginecológico.

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Platón nacido en el año 427 antes de Cristo, también dio sus fundamentos sobre la histeria. Él explicaba que una vida sexual insatisfecha era la fuente provocadora de las neurosis. Es decir para Platón el matrimonio era la cura para una mujer que padecía de histeria, y con el nacimiento de un hijo se libraría del mal.

A lo largo de toda la edad media, desde el año 476 al 1453, se le dio a la histeria otro significado. Eran épocas basadas en creencias religiosas y demoníacas. Las mujeres que padecían de este trauma, pasaron a ser poseídas por el demonio.

Lo cierto es que para ese entonces la histeria era un padecimiento que sufrían solamente las mujeres, y esto no era verdad, ya que en escrituras antiguas hay referencias sobre hombres que también sufrían de histeria.

En el año 1500, gracias a la llegada del Renacimiento, todos estos cuentos demoniacos acabaron; y los médicos volvieron a darle a la histeria su significado de enfermedad somática. De igual modo, se seguía tomando a la mujer como única portadora de esta enfermedad.

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Se pretendía curar a las enfermas con distintos tipos de terapias, estas constaban de distintos tipos de procedimientos y cada médico utilizaba su propio método.

La histérica debía aspirar malos olores (heces humanas, cuerno quemado, amoniaco, sustancias pútridas y orina), y en la zona vaginal le colocaban olores agradables (hervidos en vino, ámbar, láudano, tomillo y nuez moscada). Se creía que mediante está practica obligarían a la matriz a dejar las partes superiores negativas y descender hacia la vagina para aspirar esos ricos aromas. Estos remedios eran variados, pero casi todos apuntaban a las mismas técnicas.

Durante el siglo XII en la escuela de Salerno, el Maestre de Platea recetaba a los pacientes histéricos que se masturbasen, y de esa manera los dolores y nervios de los enfermos se irían aplacando. Las enfermeras debían de apretar fuerte los pezones de la histérica hasta callarla, y obligarlas a masturbarse, tal como lo sugería el Maestre.

A fines del siglo XVI y principios del XVII comenzaron a tomarse los aspectos emocionales, pero en una minima parte, lo que se trataba de explicar era el porque de las infecciones y hemorragias en las personas histéricas. Siempre basándose en la misma concepción de que era un padecimiento vinculado al mal desplazamiento del útero.

Todos trataban de dar con la tecla justa y un significado a cada uno de los síntomas que la histeria presentaba como dolores desgarradores y contorsión abdominal, dificultad respiratoria, risa espasmódica y convulsiones violentas de los intestinos.

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En el año 1616 un médico francés llamado Charles Lepois, rompió con la teoría de que solo la histeria la padecen las mujeres que menstrúan. Lepois dice que existen niñas que padecen de histeria, sin todavía haber menstruado; además también afirma que los hombres la padecen de igual manera.

Acontecieron varios años, hasta la llegada a Paris de Francisco Antonio Mesmer en el año 1768. Es paradójico que Mesmer tenga tanta importancia en los principios de la cura de la histeria sin que él lo supiera. Sin saberlo, trabajo todo el tiempo con personas que padecían esta enfermedad, y fue el mismo Mesmer quien comenzó a utilizar la hipnosis, trabajaba con la sugestión a través de la transferencia. Es decir que podemos afirmar que Mesmer tiene una gran importancia en lo que algún tiempo después sería el psicoanálisis.

Ahora ya nos aproximamos a los comienzos del psicoanálisis. En el año 1862 Charcot comenzó a trabajar en la Salpetriere. Trabajo con personas afectadas por la histeria. El método consistía en hipnotizarlas hasta que quedaran en estado de sonambulismo, Charcot le daba órdenes, como por ejemplo que la mano que movía sin quede quieta, o que un hombre que estaba en silla de ruedas, pudiese levantarse y en estado hipnótico esto sucedía y los dolores calmaban. Esto fue un gran descubrimiento ya que la psiquis, es la que maneja estos movimientos nerviosos o cualquier tipo de aflicción corporal, luego al volver en sí, el enfermo volvía a padecer la no movilidad o los temblores. Charcot fue el gran descubridor de que el ser es un todo, y que la psiquis también puede enfermar.

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Llegamos al padre del psicoanálisis Sigmund Freud quien junto a Breuer por el año 1893 se acercaron a la histeria en un plano psicológico. Freud detecto en esta enfermedad algunos conceptos psíquicos, como traumas sexuales, y es en ese momento en donde ambos se separaron de este estudio, Breuer no aceptaba el lado sexual que Freud le adjudicaba a esta enfermedad mental.

En artículos posteriores nos dedicaremos a estudiar la histeria como estaba pensada por Freud.